miércoles 19 de octubre de 2011

VARIOS

El aroma de los huertos monacales y el rumor de los bosques que rodean el monasterio solitario circulan en el latín adusto del alto medioevo. Como las piedras románicas, arte de campesinos nobles en sus fortalezas monásticas.

La violencia no basta para destruir una civilización. Cada civilización muere de la indiferencia ante los valores peculiares que la fundan.

El progresista siempre triunfa y el reaccionario siempre tiene la razón.

Tener razón en política no consiste en ocupar el escenario, sino en enunciar desde el primer acto los cadáveres del quinto.

La fuerza ha cometido menos crímenes que la debilidad vergonzante.

La más execrable tiranía es la que alegue principios que respetamos.

La tradición pesa sobre el espíritu como el aire sobre las alas del avión.

El antiguo que negaba el dolor, el moderno que niega el pecado, se enredan en sofismas idénticos.

Toda rebeldía total termina en filosofía del club Rotario.

Este siglo se hunde lentamente en un pantano de esperma y de mierda. Cuando manipule los acontecimientos actuales, el historiador futuro deberá ponerse guantes.

La Revolución Francesa parece admirable a quien la conoce mal, terrible a quien la conoce mejor, grotesca a quien la conoce bien.

No son raros los historiadores franceses para quienes la historia del mundo es un episodio de la historia de Francia.

Sólo se enorgullece de su dependencia del pasado, el que se sabe legítimo heredero de la historia.

Quienes piden la abrogación del pasado son libertos recientes que anhelan ocultar el ergástulo donde nacieron.

El pueblo ya no sabe si la bomba de hidrógeno es el horror final o la última esperanza.

La izquierda desembarcó en América con el padre Las Casas y aconteció, paradigmáticamente, lo que suele acontecer a la izquierda: aquí no libertó al indio, pero esclavizó al negro.

Cualquiera que sea su oriundez plebeya, quien logra que el catolicismo medieval lo adopte, parece de alcurnia patricia.

El reaccionario simpatiza con el revolucionario de hoy, porque lo venga del de ayer.

Como ethos de una clase media, de una clase entre dos clases, el auténtico ethos burgués es uno de los éxitos indiscutibles de la humanidad occidental. La calamidad presente no deriva de la existencia de un ethos burgués, sino de la ambición social de un sector de la burguesía que se mudó al piso alto del edificio sin mudar el alma.

El reaccionario, hoy, es meramente un pasajero que naufraga con dignidad.

Los náufragos perdonan más fácilmente al piloto imprudente que hunde la "nave" que al pasajero inteligente, que predice su deriva hacia el escollo.

La lectura del periódico envilece al que no embrutece.

Uno a uno, tal vez los hombres sean nuestros prójimos, pero amontonados seguramente no lo son.

Noble es la persona capaz de no hacer todo lo que podría.

Todo el mundo hoy es de izquierda ¡qué alivio!

No debemos emigrar sino conspirar.

Hoy se llama "tener sentido común" no protestar contra lo abyecto.

El conservatismo de cada época es el contrapeso a la estupidez del día.

La grosería no es prueba de autenticidad sino de mala educación.

Cualquier derecha en nuestro tiempo no es más que una izquierda de ayer deseosa de digerir en paz.

La caridad para el igualitario es un resabio feudal.

La anarquía que amenaza a una sociedad que se envilece no es su castigo, sino su remedio.

La clase social que asciende hereda sólo los defectos de la clase que desplaza.

Cuando las "derechas" asesinan, la izquierda grita y se indigna como ante un privilegio que le usurpan.

El mundo de la técnica no se contrapone al mundo del espíritu, sino al mundo de la gracia.

"Justicia social" es el término para reclamar cualquier cosa a que no tengamos derecho.

No pertenezco a un mundo que perece. Prolongo y transmito una verdad que nunca muere.

Donde no hay huellas de vieja caridad cristiana, hasta la más pura cortesía tiene algo frío, hipócrita, duro.

La prensa de izquierda le fabrica a la izquierda los grandes hombres que la naturaleza y la historia no le fabrican.

El reaccionario no es un pensador excéntrico, sino un pensador insobornable.

La reacción explícita comienza a finales del siglo XVIII; pero la reacción implícita comienza con la expulsión del diablo.

Hay ignorancias que enriquecen la mente y conocimientos que la empobrecen.

Cuando no se le concede todo lo que exige, el izquierdista se proclama víctima de una violencia institucional que le es lícito repeler con violencia física.

En el estado moderno ya no existen sino los partidos: ciudadanos y burocracia.

Las estupideces no mueren, pero es un deber desacreditarlas.

Hay una manera práctica de saber si una idea es inteligente: averiguar si es impopular.

Digámosle francamente al adversario que no compartimos sus ideas porque las entendemos, y que él no comparte las nuestras porque no las entiende.

Burke pudo ser conservador. Los progresos del "progreso" obligan a ser reaccionario.

El izquierdista no tiene opiniones sino dogmas.

Los asesinatos políticos son lícitos hoy, siempre que el asesino sea de izquierda.

Una muchedumbre sólo deja de repugnar cuando un motivo religioso la reúne.

La obscenidad es la sal de los manjares del vulgo.

A no citar autores de moda es a lo menos a que se debe comprometer el hombre culto.

Tolerar hasta ideas estúpidas puede ser virtud social; pero es virtud que tarde o temprano recibe su castigo.

El respeto honra más al que respeta que el respetado.

Lo vulgar no es vulgar porque sea dicho por el vulgo.

No todos los vencidos son decentes, pero todos los decentes resultan vencidos.

El día se compone de sus momentos de silencio. Lo demás es tiempo perdido.

Los que defienden las revoluciones citan discursos; los que las acusan citan hechos.

Nada inquieta más al incrédulo inteligente que el católico inteligente.

La humanidad no es ingobernable: acontece meramente que rara vez gobierna quien merezca gobernar.

El mundo no anda tan mal teniendo en cuenta quienes lo gobiernan.


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