viernes 14 de octubre de 2011

SOBRE FILOSOFÍA

La filosofía que elude el problema del mal es cuento de hadas para niños bobos.

Llamar al alma "substancia simple" no es definirla, sino confesar en un léxico especializado que la creemos inmortal.

Toda catástrofe es catástrofe de la inteligencia.

El escéptico es un filósofo que no ha tenido tiempo de volverse cristiano.

Las verdades no se contradicen sino cuando se desordenan.

En materia importante no se puede demostrar, sino mostrar.

La idea peligrosa no es la falsa, sino la parcialmente correcta.

Toda filosofía evolucionista se pervierte fácilmente en inmanentismo religioso.

El subjetivismo es la garantía que el hombre se inventa cuando deja de creer en Dios.

La verdad nunca es conquista definitiva. Siempre es posición que toca defender.

Entre el escepticismo y la fe hay ciertas connivencias: ambos minan la presunción humana.

Basta contraponerla a un error nuevo para que la verdad envejecida recobre su frescura.

A la gente no la indigna el error en sí, sino el error, o la verdad, que no estén de moda.

El que se empeña en refutar argumentos imbéciles acaba haciéndolo con razones estúpidas.

El realismo de la fotografía es falso: omite en la representación del objeto su pasado, su trascendencia, su futuro.

Las verdades subalternas suelen eclipsar las más altas verdades.

Si el ser depende, como lo enseña el cristianismo, de un acto libre de Dios, una filosofía cristiana debe ser una filosofía que constata, no una filosofía que explica.

No viviría ni una fracción de segundo si dejara de sentir el amparo de la existencia de Dios.

Conviene ser simple, pero no simplificar.

Hay que aprender a no confundir comprender con justificar.

El que es capaz de escribir sobre cualquier cosa no escribe nunca sino una cosa cualquiera.

Lo que el hombre culto al fin logra, con el correr de los años, no es tanto poseer virtudes como olfatear errores.

Todo lo que se pueda reducir a sistema acaba en manos tontas.

Para no vivir deprimido en medio de tanta opinión tonta, conviene recordar en todo instante que las cosas obviamente son lo que son, opine el mundo lo que opine.

El individuo en muchos casos debe comprometerse, pero su inteligencia no debe comprometerse jamás.

Abstractamente la distinción entre lo de facto y lo de iure es obvia, pero concretamente las confusiones proliferan.

Entre saber una cosa y entender la hay una diferencia que muchas veces no nota el que sabe.

De nada debemos proteger nuestro pensamiento con igual cuidado como de la proliferación de las semi-verdades.

La gente difícilmente entiende que no entiende.

Porque las opiniones cambian, el relativista cree que cambian las verdades.

Las ciencias naturales pueden ser adecuadamente cultivadas por esclavos; el cultivo de las ciencias humanas necesita hombres libres.

El que no comparte nuestras repugnancias no entiende nuestras ideas.

No sabemos a fondo sino lo que nos sentimos capaces de enseñar.

En la antigüedad no existió lo que hoy se llama filosofía; y lo que entonces se llamó filosofía hoy no existe.

La tarea del historiador de la filosofía está en traducir la jerigonza filosófica de cada época en el léxico de la philosophia perennis.

Lo único que yo puede probar es que exista; lo único que puede refutar es que sea Dios.

Cogito ergo sum. Cogito ergo non sum Deus.

Sé que soy, y si no sé qué soy, sé qué no soy.

En la segunda de las únicas verdades irrefutables el mundo moderno tropieza con una refutación letal.

Las verdades no son relativas. Lo relativo son las opiniones sobre la verdad.

¿Qué es la filosofía para el católico sino la manera como la inteligencia vive su fe?

Buscar la "verdad fuera del tiempo" es la manera de encontrar la "verdad de nuestro tiempo". El que busca la "verdad de su tiempo" encuentra los tópicos del día.

Depender de Dios es el ser del ser.

La razón no es sustituto de la fe, así como el color no es sustituto del sonido.

Todo lo real sería racional, si el hombre no fuese pecador. Todo lo racional sería real, si el hombre no fuese criatura.

Dios no pide la sumisión de la inteligencia, sino una sumisión inteligente.

"Irracionalista" le gritan a la razón que no calla los vicios del racionalismo.


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