jueves 13 de octubre de 2011

DOCTRINA SOCIO-POLÍTICA




La política sabia es el arte de vigorizar la sociedad y debilitar al estado.

En la sociedad medieval, la sociedad es el estado; en la sociedad burguesa, estado y sociedad se enfrentan; en la sociedad comunista, el estado es la sociedad.

Donde el cristianismo desaparece, codicia, envidia y lujuria inventan mil ideologías para justificarse.

El peor estado social es aquel donde el amo no fue educado para mandar.

La falsificación del pasado es la manera como la izquierda ha pretendido elaborar el futuro.

Para detestar las revoluciones el hombre inteligente no espera que comiencen las matanzas.

El pueblo que se vuelve irreligioso adquiere inmediatamente todos los defectos burgueses.

Ser reaccionario es haber comprendido que una verdad no se debe renunciar simplemente porque no tiene posibilidades de triunfar.


El estado paternalista es abominable; la social paternalista es admirable.

La desigualdad injusta no se cura con igualdad, sino con desigualdad justa.

Sólo la visión teocéntrica no acaba reduciendo al hombre a una absoluta insignificancia.

Los monarcas, en casi toda dinastía, han sido tan mediocres que parecen presidentes.

La industrialización plantea la alternativa única: capitalismo o comunismo. Excluyendo así las viejas opciones decentes.

La policía es la única estructura social de la sociedad sin clases.

Llámese estado totalitario al que resulta de la tentativa de reemplazar con una integración estatal la integración social destruida por la mentalidad liberal y demócrata.

La actividad política deja de tentar al escritor inteligente, cuando al fin entiende que no hay texto inteligente que logre tumbar ni a un alcalde de pueblo.

Hacer lo que debemos hacer es el contenido de la tradición.

Ya no hay clase alta, ni pueblo; sólo hay plebe pobre plebe rica.

Pedirle al estado lo que sólo debe hacer la sociedad es el error de la izquierda.

En el estado moderno las clases con intereses opuestos no son tanto la burguesía y el proletariado como la clase que paga impuestos y la clase que de ellos vive.

El talante político trasciende las categorías sociales; ahí reaccionarios en harapos e izquierdistas coronados.

Respiro mal en un mundo que no cruzan sombras sagradas.

Verdadero aristócrata es el que tiene vida interior. Cualquiera que sea su origen, su rango, su fortuna.

El supremo aristócrata no es el señor feudal en su castillo, sino el monje contemplativo en su celda.

Una tradición no es un supuesto catálogo de virtudes que se enfrenta a un catálogo de errores, sino un estilo de resolver problemas. La tradición no es una solución petrificada, sino un método flexible.

La buena educación no es, finalmente, sino la manera como se expresa el respeto siendo el respeto, a su vez, un sentimiento que la presencia de una superioridad admitida infunde; donde faltan jerarquías reales o ficticias pero acatadas, la buena educación perece. La grosería es producto democrático.

Sociedad aristocrática es aquella donde el anhelo de la perfección personal es el alma de las instituciones sociales.

A la sociedad democrática le basta, en el mejor de los casos, asegurar la convivencia. Las sociedades aristocráticas, en cambio, levantan sobre la greba humana un palacio de ceremonias y de ritos para educar al hombre.

Las fiestas democráticas conmemoran motines victoriosos. La aristocracia prefería las pompas litúrgicas. La fiesta de la Federación terminó en bailes de barrio. La etiqueta imperial se prolongó en el rito galicano de una misa milanesa.

El aristócrata no defiende la libertad para asegurar la autonomía de las normas propias a la perfección personal de cada individuo.

Liberté, egalité, fraternité. El programa democrático se cumple en tres etapas: etapa liberal, que fundó la sociedad burguesa sobre cuya índole nos remitimos a los socialistas; etapa igualitaria, que funda la sociedad soviética sobre cuya índole nos remitimos a la nueva izquierda; etapa fraternal, a la cual preludian los drogados que copulan en hacinamientos colectivos.

Más de un milenio duró el periodo de la historia europea durante el cual la salvación social fue posible y varias veces conseguida. Pero en tiempos democráticos, o cesáreos tan sólo podemos salvar el alma, y eso no siempre.

Cuando la patria no es el recinto de los templos y las tumbas, sino una suma de intereses, el patriotismo deshonra.

El feudalismo. Sobre  sentimientos nobles: lealtad, protección, servicio. Los demás sistemas políticos se fundan sobre sentimientos viles: egoísmo, codicia, envidia, cobardía.

Ni el amor es mero fenómeno sexual, ni la propiedad mero fenómeno económico. Propiedad y amor son relaciones específicas aquí con una persona, allí con un objeto, insertas en la economía o el sexo.

El individuo no se integra en la sociedad cuando pretenden ligarlo directamente a la totalidad social, sino cuando le está ligado medianamente, en una estructura piramidal, a través de un grupo inmediato a su vez ligado a otros grupos. Colectivismo e individualismo son errores simétricamente opuestos a la solución correcta que el occidente prefiguró con los clientes romanos.

Cuando las revoluciones económicas y sociales no son simples pretextos ideológicos de crisis religiosas después de unos años de desorden todo sigue como antes.

Las verdaderas revoluciones no se inician con su estallido público, sino terminan con él.

Por justicia social se entiende dar a cada cual lo que suyo. Alienum cuique tribuere.

No justo pedirle a la burguesía amenazada que no tenga miedo. Podemos pedirle, en cambio, que pierda el miedo de tenerlo.

No apelar a Dios, sino la justicia, nos lleva fatalmente a emplazarlo ante el tribunal de nuestros prejuicios.

Enemigo del rey-dios como demos-dios, el cristianismo no debe celebrar ni la apoteosis del César, ni la apoteosis de la plebe.

O fusilamos al que pretende "colaborar con Dios" o inevitablemente nos fusila.

Las concesiones son los peldaños del patíbulo.

Un "socialismo con cara humana" es aguardiente sin alcohol.
de
Aun la derecha de cualquier derecha me parece siempre demasiado izquierda.

Los conservadores actuales no son más que liberales maltratados por la democracia.

Las revoluciones no les destruyen a las naciones sino el alma.

Ayer se habló de política, para ocultar lo económico. Hoy se habla de economía, para esconder lo técnico. Mañana se habrá de técnica, para callar lo biológico. Cuando, ante todo, se debiera hablar de axiología.

Una aristocracia tiene que caer en extremos de estupidez para que el pueblo derribe, ya que nada hay más acorde con los instintos populares que una aristocracia.

El demócrata comienza liberando todas las fuerzas sociales, para acabar sometiéndolos a una sola. El reaccionario busca el paralelogramo de las fuerzas. El demócrata quiere que, a la postre, todas las notas se fusionen en una nota única. El reaccionario quisiera que la sinfonía social multiplicara los temas polifónicos.

Cuando el poder corrompe sino ennoblece, la humanidad se arrodilla.

El cruce de la relación horizontal amigo-enemigo con la relación vertical superior-inferior configura la estructura política elemental. Esperar abolir cualquiera de las dos, no solamente es utópico, sino además, contradictorio.
Sociólogos, psicólogos, psiquiatras, son expertos en generalidades. Ante los pitones taurinos del caso concreto, todos parecen toreros anglosajones.

Para que la sociedad florezca se requiere un estado débil y un gobierno fuerte.

La omnipotencia del dinero fue el precio de la igualdad social. La omnipotencia del estado será el precio de la igualdad económica.

Las jerarquías son celestes. En el infierno todos son iguales.

El triángulo: aldea, castillo, monasterio, no es una miniatura medieval. Sin un paradigma eterno.

Las civilizaciones tampoco se hacen con ideas sino con modales.

El pecado del rico no es la riqueza, sino la importancia exclusiva que le atribuye.

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