La política sabia es el
arte de vigorizar la sociedad y debilitar al estado.
En la sociedad medieval,
la sociedad es el estado; en la sociedad burguesa, estado y sociedad se
enfrentan; en la sociedad comunista, el estado es la sociedad.
Donde el cristianismo
desaparece, codicia, envidia y lujuria inventan mil ideologías para
justificarse.
El peor estado social es
aquel donde el amo no fue educado para mandar.
La falsificación del
pasado es la manera como la izquierda ha pretendido elaborar el futuro.
Para detestar las
revoluciones el hombre inteligente no espera que comiencen las matanzas.
El pueblo que se vuelve
irreligioso adquiere inmediatamente todos los defectos burgueses.
Ser reaccionario es haber
comprendido que una verdad no se debe renunciar simplemente porque no tiene
posibilidades de triunfar.
El estado paternalista es
abominable; la social paternalista es admirable.
La desigualdad injusta no
se cura con igualdad, sino con desigualdad justa.
Sólo la visión teocéntrica
no acaba reduciendo al hombre a una absoluta insignificancia.
Los monarcas, en casi toda
dinastía, han sido tan mediocres que parecen presidentes.
La industrialización
plantea la alternativa única: capitalismo o comunismo. Excluyendo así las
viejas opciones decentes.
La policía es la única
estructura social de la sociedad sin clases.
Llámese estado totalitario
al que resulta de la tentativa de reemplazar con una integración estatal la
integración social destruida por la mentalidad liberal y demócrata.
La actividad política deja
de tentar al escritor inteligente, cuando al fin entiende que no hay texto
inteligente que logre tumbar ni a un alcalde de pueblo.
Hacer lo que debemos hacer
es el contenido de la tradición.
Ya no hay clase alta, ni
pueblo; sólo hay plebe pobre plebe rica.
Pedirle al estado lo que
sólo debe hacer la sociedad es el error de la izquierda.
En el estado moderno las
clases con intereses opuestos no son tanto la burguesía y el proletariado como
la clase que paga impuestos y la clase que de ellos vive.
El talante político
trasciende las categorías sociales; ahí reaccionarios en harapos e
izquierdistas coronados.
Respiro mal en un mundo
que no cruzan sombras sagradas.
Verdadero aristócrata es
el que tiene vida interior. Cualquiera que sea su origen, su rango, su fortuna.
El supremo aristócrata no
es el señor feudal en su castillo, sino el monje contemplativo en su celda.
Una tradición no es un
supuesto catálogo de virtudes que se enfrenta a un catálogo de errores, sino un
estilo de resolver problemas. La tradición no es una solución petrificada, sino
un método flexible.
La buena educación no es,
finalmente, sino la manera como se expresa el respeto siendo el respeto, a su
vez, un sentimiento que la presencia de una superioridad admitida infunde;
donde faltan jerarquías reales o ficticias pero acatadas, la buena educación
perece. La grosería es producto democrático.
Sociedad aristocrática es
aquella donde el anhelo de la perfección personal es el alma de las
instituciones sociales.
A la sociedad democrática
le basta, en el mejor de los casos, asegurar la convivencia. Las sociedades
aristocráticas, en cambio, levantan sobre la greba humana un palacio de
ceremonias y de ritos para educar al hombre.
Las fiestas democráticas
conmemoran motines victoriosos. La aristocracia prefería las pompas litúrgicas.
La fiesta de la Federación terminó en bailes de barrio. La etiqueta imperial se
prolongó en el rito galicano de una misa milanesa.
El aristócrata no defiende
la libertad para asegurar la autonomía de las normas propias a la perfección
personal de cada individuo.
Liberté, egalité, fraternité.
El programa democrático se cumple en tres etapas: etapa liberal, que fundó la
sociedad burguesa sobre cuya índole nos remitimos a los socialistas; etapa
igualitaria, que funda la sociedad soviética sobre cuya índole nos remitimos a
la nueva izquierda; etapa fraternal, a la cual preludian los drogados que
copulan en hacinamientos colectivos.
Más de un milenio duró el
periodo de la historia europea durante el cual la salvación social fue posible
y varias veces conseguida. Pero en tiempos democráticos, o cesáreos tan sólo
podemos salvar el alma, y eso no siempre.
Cuando la patria no es el
recinto de los templos y las tumbas, sino una suma de intereses, el patriotismo
deshonra.
El feudalismo. Sobre sentimientos nobles: lealtad, protección,
servicio. Los demás sistemas políticos se fundan sobre sentimientos viles:
egoísmo, codicia, envidia, cobardía.
Ni el amor es mero
fenómeno sexual, ni la propiedad mero fenómeno económico. Propiedad y amor son
relaciones específicas aquí con una persona, allí con un objeto, insertas en la
economía o el sexo.
El individuo no se integra
en la sociedad cuando pretenden ligarlo directamente a la totalidad social,
sino cuando le está ligado medianamente, en una estructura piramidal, a través
de un grupo inmediato a su vez ligado a otros grupos. Colectivismo e
individualismo son errores simétricamente opuestos a la solución correcta que
el occidente prefiguró con los clientes romanos.
Cuando las revoluciones
económicas y sociales no son simples pretextos ideológicos de crisis religiosas
después de unos años de desorden todo sigue como antes.
Las verdaderas
revoluciones no se inician con su estallido público, sino terminan con él.
Por justicia social se
entiende dar a cada cual lo que suyo. Alienum cuique tribuere.
No justo pedirle a la
burguesía amenazada que no tenga miedo. Podemos pedirle, en cambio, que pierda
el miedo de tenerlo.
No apelar a Dios, sino la
justicia, nos lleva fatalmente a emplazarlo ante el tribunal de nuestros
prejuicios.
Enemigo del rey-dios como
demos-dios, el cristianismo no debe celebrar ni la apoteosis del César, ni la
apoteosis de la plebe.
O fusilamos al que
pretende "colaborar con Dios" o inevitablemente nos fusila.
Las concesiones son los
peldaños del patíbulo.
Un "socialismo con
cara humana" es aguardiente sin alcohol.
de
Aun la derecha de
cualquier derecha me parece siempre demasiado izquierda.
Los conservadores actuales
no son más que liberales maltratados por la democracia.
Las revoluciones no les
destruyen a las naciones sino el alma.
Ayer se habló de política,
para ocultar lo económico. Hoy se habla de economía, para esconder lo técnico.
Mañana se habrá de técnica, para callar lo biológico. Cuando, ante todo, se
debiera hablar de axiología.
Una aristocracia tiene que
caer en extremos de estupidez para que el pueblo derribe, ya que nada hay más
acorde con los instintos populares que una aristocracia.
El demócrata comienza liberando
todas las fuerzas sociales, para acabar sometiéndolos a una sola. El
reaccionario busca el paralelogramo de las fuerzas. El demócrata quiere que, a
la postre, todas las notas se fusionen en una nota única. El reaccionario
quisiera que la sinfonía social multiplicara los temas polifónicos.
Cuando el poder corrompe
sino ennoblece, la humanidad se arrodilla.
El cruce de la relación
horizontal amigo-enemigo con la relación vertical superior-inferior configura
la estructura política elemental. Esperar abolir cualquiera de las dos, no
solamente es utópico, sino además, contradictorio.
Sociólogos, psicólogos,
psiquiatras, son expertos en generalidades. Ante los pitones taurinos del caso
concreto, todos parecen toreros anglosajones.
Para que la sociedad
florezca se requiere un estado débil y un gobierno fuerte.
La omnipotencia del dinero
fue el precio de la igualdad social. La omnipotencia del estado será el precio
de la igualdad económica.
Las jerarquías son
celestes. En el infierno todos son iguales.
El triángulo: aldea,
castillo, monasterio, no es una miniatura medieval. Sin un paradigma eterno.
Las civilizaciones tampoco
se hacen con ideas sino con modales.
El pecado del rico no es
la riqueza, sino la importancia exclusiva que le atribuye.
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